Por: Diana Calderón
Feliz pero agotada
Levántate, desayuna, haz ejercicio, trabaja, materna, cuida a tus hijos, practica algún hobbie, sal con tus amigas, ten dates con tu esposo/novio, ve una serie, escribe, toma un curso de algo que te gusta y vuélvete más feliz en la vida porque estas haciendo todo lo que deseas sin descansar.
Aplausos para esas mujeres que logran eso y más, mucho más, no importa que estén agotadas y ansiosas por tener que cumplir las expectativas de todo lo que debe ser “normal» hacer para sentirnos plenas, felices, exitosas.
Soy una mujer feliz, es verdad, tengo metas, sueños, talento, una familia que amo, un negocio que estoy construyendo con el corazón, y mil ideas que me quitan el sueño, (para bien y para mal). Pero también… soy una mujer A-G-O-T-A-D-A.
Agotada de la lista interminable de cosas por hacer; agotada de seguir tendencias que me dicen cómo debe verse el éxito; agotada de sentir que si no hago todo, entonces no estoy avanzando lo suficiente.
La realidad es que puedes hacer muchas cosas, pero no al mismo tiempo, por eso es importante que pensemos que esta tendencia de vernos como superwoman, mujeres multitask es algo que no debe continuar, porque de verdad estamos cansadas.
Meditar, comer saludable, ir al gimnasio, emprender, tener tiempo de calidad en familia, mantener una relación de pareja sana, estudiar, cuidar nuestras emociones, sanar heridas, agradecer, visualizar, manifestar, dormir ocho horas, tomar agua, ser productivas, ser exitosas, ser “la mejor versión” de nosotras mismas es importante pero la realidad es que muchas veces necesitaríamos tener 36 horas por día para lograrlo sin morir en el intento, así que hoy te invito a que hagas una reflexión sobre las razones reales por las que crees que debes hacer todo para sentirte más feliz, si de verdad lo estas logrando y disfrutando.
Y aunque todas esas cosas tienen valor, la realidad es que muchas mujeres terminamos persiguiendo la felicidad como si fuera una meta que se alcanza solo si hacemos suficiente.
El resultado: una agenda llena, una mente saturada y un corazón exhausto que nos bloquea la posibilidad de verdaderamente disfrutar nuestra vida, nuestros días y las personas que están a nuestro alrededor.
Vivimos en una época donde la felicidad parece estar en todas partes. En redes sociales, en libros de desarrollo personal, en cursos, en retos de 21 días, en rutinas de las 5 de la mañana. Todo nos dice que debemos hacer más para ser felices y últimamente veo a tantas mujeres felices pero agotadas -como yo- , que me doy cuenta de que no estamos disfrutando el tener que cumplir con los estándares de las redes sociales y es necesario empezar a construir nuestros propios estándares para empezar a hacer menos cosas, con un propósito bien establecido y sin una sobrecarga de actividades diarias.
¿Desde cuándo ser feliz se volvió tan cansado?
Muchas veces confundimos bienestar con rendimiento. Y es que, en el fondo, seguimos creyendo que para merecer descanso o plenitud primero tenemos que haber “hecho lo suficiente”.
Entonces nos convertimos en expertas en llenar cada hora del día con cosas “útiles”. Nos sentimos culpables si no estamos avanzando, si no estamos creciendo, si no estamos haciendo algo para “mejorar”.
Y en ese intento por alcanzar la felicidad, nos alejamos de nosotras mismas y de la misma felicidad, porque no es felicidad si vivimos cansadas.
No es plenitud si sentimos que nos estamos perdiendo en el intento, no es amor propio si nos tratamos con exigencia y no con compasión.
¿Qué pasaría si empezamos a hacer menos?
Menos ruido, menos presión, menos expectativas.
¿Qué pasaría si comenzamos a elegir desde el amor y no desde la obligación?
Seguramente empezaríamos a disfrutar más, nos daríamos permiso de descansar sin culpa, volveríamos a conectar con lo que realmente nos llena porque la verdadera felicidad no está en hacer mil cosas en realidad está en hacer las que de verdad importan, esas que te hacen sentir en paz, las que te regresan a ti.
No necesitas hacer más para merecer tu bienestar, tú ya eres suficiente y tú descanso también es parte de ser exitosa sin competir, sin ir buscando lo que dictan las redes, la sociedad y los tiempo, que nos piden exigencia, cansancio y sobrecarga de actividades para ser felices.
¿Te sentiste identificada? Déjame un comentario o comparte este artículo con una mujer que necesite este recordatorio: no vinimos a demostrar, vinimos a vivir.
Diana Calderón S.
Mamá, mentora de negocios, emprendedora
Instagram @soydianacalderon
Correo holadianacalderon@gmail.com















