Este mes de la mujer, hablemos de acoso…

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Por: Mónica Velasco

Para conmemorar un año más del Mes de la mujer y celebrar el 8M he decidido hablar acerca del acoso. Este es un tema que afecta profundamente a muchas personas (no solo mujeres) porque es una situación desafortunada que tristemente siempre ha ocurrido en diferentes ámbitos y con distintos nombres pero que apenas se ha hecho visible y reconocible en los últimos años.

Desgraciadamente, el acoso se ha convertido en un tema recurrente en nuestras conversaciones, no porque sea nuevo sino porque ahora se habla de él, se señala y en algunos casos, hasta se abusa del concepto y se acusa de acosador a cualquiera.

Es cierto que las personas o grupos de personas más vulnerables son quienes más lo han sufrido; léase: niños, mujeres, indígenas o personas con capacidades diferentes, y por lo general, los hombres (mayores, fuertes, ricos, y/o poderosos) han sido los culpables de cometer semejantes fechorías.

Es una situación inadmisible e imposible de ignorar, con consecuencias y daños a quienes resultan víctimas. Durante muchos años el concepto de acosador se ha remitido a ciertos estereotipos o imágenes del colectivo popular impulsado por ciertas características promovidas o proyectadas por la misma publicidad.

Sin embargo, cualquier persona que se sienta superior a otra puede ejercer el rol de acosador, ya que de acuerdo con la Real Academia de la Lengua (RAE), la definición de acosador es: “persona que molesta, persigue, hostiga o atormenta de manera persistente a otra”.

Siendo así, un acosador puede ser un niño que molesta a otro (acoso escolar), un jefe que molesta a un subordinad@ (acoso laboral) o bien, una persona que molesta a otra desde redes sociales (acoso cibernético o cyberullying).

Es cierto, que la historia está llena de ejemplos. También es cierto, que la mayoría de las veces, los niños o las mujeres han sido las víctimas de estas personas que ejercen su autoridad, poder o fuerza y dañan a sus víctimas de muchas maneras.

Ser víctima de acoso tiene muchas repercusiones en la vida de quien lo padece. Hay violencia de género, violencia física y maltrato, violencia verbal, sexual y sobre todo, violencia que genera daño mental.

Desgraciadamente, en nuestro país se han incrementado los casos de violencia contra las mujeres en los últimos años. Es un hecho lamentable que cada vez haya más desapariciones, feminicidios, amenazas y muertes de mujeres que mueren a manos de acosadores que no supieron manejar sus emociones y encontrar mejores maneras de resolver sus problemas, traumas y/o conflictos.

Es un acierto que las leyes mexicanas se revisen y modifiquen para que nadie sea víctima de esta práctica y que los más vulnerables se sientan segur@s y protegid@s en todo momento.

Pero….tampoco se debe abusar del término. No se vale acusar de “acosador” a cualquiera sin motivos reales ni pruebas porque no todo lo que se hace o se dice tiene la finalidad de dañar a otros.

¿Qué tanto es tantito?

Actualmente, cada vez es más difícil expresarse, y parece que las nuevas generaciones son cada vez más frágiles, sensibles e intolerantes ante la frustración y la imposibilidad de “salirse con la suya”.

También es cierto que en esta necesidad de ser “políticamente correctos” nos hemos privado y limitado de poder expresarnos libremente y pareciera que todo lo que vemos, oímos, hacemos, decimos y hasta pensamos tiene la finalidad de molestar, perseguir, dañar, hostigar y atormentar a otros.

Pensémoslo por un momento.

Ser un acosador es incorrecto. Pero difamar a alguien de acoso también lo es. ¿Ya no puedes ver a nadie porque una mirada es acoso?, ¿no puedes describir a una persona sin que se sienta ofendida?, ¿calificar o criticar el desempeño de una persona es hostigamiento?…..no lo sé.

Me parece que hemos abusado del término. Es cierto que si estas acciones se hacen repetitivas en un lapso de tiempo pueden clasificarse como acoso, pero, el hecho de que una persona se exprese no lo convierte en acosador.

Sin lugar a dudas, es un tema sensible y polémico. Me parece que calificar a alguien de acosador sin pruebas de conductas repetitivas en el tiempo es juzgar a la ligera y querer llamar la atención.

Como mujeres, hemos sido víctimas (de la sociedad, de las circunstancias, de la familia, etc) pero también hemos sido victimarias y juzgar o condenar a una persona de acosadora porque sentimos que ahora la ley está de nuestro lado y nos apoya/defiende no nos da derecho a arruinarle la vida a los demás.

El daño en la salud mental es igual para todos. A nadie le gusta que lo molesten y todos queremos vivir en paz y armonía.

Desgraciadamente no todos pueden lograrlo (por diferentes motivos) o saben cómo lograrlo, pero eso no es pretexto para acosar y molestar ni para acusar o difamar.

Todos tenemos malos momentos. Todos hacemos o decimos cosas sin pensar. Todos sentimos cosas buenas y malas. Todos tenemos la capacidad de beneficiar o perjudicar la vida propia y la ajena.

Todos podemos ser acosadores o víctimas. La cuestión es ¿hasta dónde y hasta cuándo?

Espero que en este 8M celebremos ser mujeres inteligentes, empoderadas pero no sedientas de poder capaces de destruirle la vida a otros por el placer de hacerlo. No se trata de dejar que nos acosen o molesten pero tampoco se vale difamar o acusar sin pruebas.

Es cuestión de consciencia y perspectiva.

¡A tu salud!

Mónica Velasco

Yogui + terapéutico, Health Coach Holística & Funcional; terapeuta en Barras de Access

Fundadora de www.reverdeser.com.mx