Por: Mónica Velasco

 

En un mundo convulso en el que el orden de las cosas parece desdibujarse, la humanidad está ávida de sustentarse en aquellos valores tradicionalistas que dan certeza y garantizan paz aunque sea momentánea, sobre todo ahora, más que nunca, tras la pandemia de Covid y con las constantes amenazas entre potencias del orbe que hacen pensar en una posible guerra mundial.

Felicidad. Paz. Armonía. Son los mayores anhelos de la humanidad. De una forma u otra, todos los seres humanos buscamos tener dichas virtudes en nuestra vida y que éstas se manifiesten de manera continua y permanente.

En nuestra eterna búsqueda de la felicidad recurrimos a la religión, al misticismo, al poder de seres superiores, al universo, al dinero, a las redes sociales, etc.  giramos nuestra atención hacia cualquier cosa que nos acerque o nos de la ilusión de acercarnos a la tan anhelada paz y/o felicidad.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que la paz que tanto anhelamos ver en el mundo y por consiguiente tener en nuestra cotidianidad debe provenir de alguna otra fuente y no solamente de lo que hay afuera.

Para poder tener paz en nuestra vida debemos comenzar por mirar hacia el interior y contemplar lo que encontramos, sin juicios, sin reproches, sin apegos. La paz se construye desde uno mismo, sin violencia hacia nosotros y lo que nos rodea.

Es una tarea muy simple que por desgracia, para nosotros los Occidentales, no hemos sido entrenados. Ver dentro de nosotros mismos, analizar sin calificar, sin lastimar, sin defender o atacar, es algo que no hemos aprendido a hacer, tanto así, que eso que nos decimos a diario, nuestro diálogo interno, constituye el punto de partida para encontrar la verdadera felicidad.

Cuando nos entrenamos para calmar la mente mediante la práctica meditativa y de introspección, es que poco a poco vamos siendo capaces de darle un respiro a los pensamientos que se agolpan y logramos poner “distancia” entre nosotros y nuestro Yo juicioso (o “Yo padre” como lo denomina Freud).

Ese Yo juicioso es el que nos perturba constantemente, cuestionándolo todo: lo que hacemos, decimos, pensamos, sentimos. Es esa parte de nosotros mismos que nos violenta y que se toma licencias que no toma con nadie más en ninguna circunstancia, sin importar su proceder.

Esa voz interna que nos reprocha lo que hemos dicho o hecho de manera errónea en el pasado, nos engancha con emociones, recuerdos, situaciones o personas que nos han hecho o a quienes hemos hecho sentir incómodos, inadecuados, molestos, etc. o nos recuerda que no somos perfectos y es ahí, justamente, donde está la gran falla, y por eso nos resulta tan difícil encontrar paz dentro y fuera de nosotros mismos.

La constante búsqueda por la perfección, por pertenecer, por sentirnos valiosos a los ojos de los demás nos ha llevado a perder la brújula de lo que es correcto o no y hemos caído en trampas mentales y emocionales haciéndonos creer que tenemos un poder especial que nos otorga concesiones especiales.

Ahimsa en sánscrito es una palabra que describe una filosofía de vida en la que el individuo toma responsabilidad de sus acciones, dichos, emociones, pensamientos y sentimientos y logra controlar su diálogo interno alcanzando así la verdadera paz al cultivar una relación de no violencia consigo mismo y por ende, con lo que le rodea.

Al calmar la mente, no me refiero a dejar de pensar sino a dejar de engancharte con tus pensamientos. Significa que veas con detenimiento tus pensamientos o acciones pasadas sin emitir juicio alguno: sin calificativos. Las experiencias no son buenas ni malas; simplemente son. Todo depende del cristal con que se miran. (y todas las experiencias conllevan un aprendizaje).

Para iniciarte en la práctica de la no violencia o Ahimsa simplemente debes comenzar a tomar conciencia de cómo se vinculan tus pensamientos con tus emociones; cómo tus acciones/reacciones influyen en tus experiencias y la calidad de tus relaciones determina, en buena manera, tu estado de ánimo.

Para facilitar esta práctica puedes comenzar con los siguientes puntos:

  1. Mindfulness: date cuenta a dónde te lleva tu mente, qué emociones y sensaciones estás experimentando en el momento…
  2. Respira: ponte un alto e inhala lo más profundo que puedas. Muy lentamente ve exhalando el aire por la boca. Repite este paso tantas veces como lo necesites sin hiperventilarte.
  3. Cálmate: no te des permiso de violentarte ni de decirte cosas que te lastiman. No tratarías así a nadie más ¿o sí?
  4. Sé compasiv@ contigo mismo: no eres perfecto pero si eres único. Aprende a reconocer lo bueno que haces y dices, sé más tolerante contigo y no te maltrates ni psicológica ni emocionalmente.

La práctica de Ahimsa o no violencia es una práctica personal que incluye todos los aspectos de la vida: físico, psicológico, emocional, laboral, personal, relaciones de pareja, relaciones sociales, etc.

Recuerda que todos cometemos errores, no tiene ningún sentido vivir atormentándote por lo que ya pasó o lo que pudiera llegar a ser. La felicidad se encuentra dentro de nosotros mismos si sabemos dónde buscar.

Espero que cada vez que te sientas mal contigo mismo o tengas algo que reprocharte, recuerdes que no puede haber paz en una mente que se castiga. La no violencia comienza con el trato que nos damos a nosotros mismos y difícilmente podemos tatar bien a otros cuando nos violentamos y maltratamos a nosotros mismos.

“ El hombre sabio busca lo que desea en su interior, el no sabio, lo busca en los demás”. Confucio

Por muchos días de paz…

¡A tu salud!

Mónica Velasco

Health Coach Holístico-funcional & Yogui